La reciente Cumbre de Londres del G-20 resolvió salvar  las economía emergentes por medio de una enorme capitalización del FMI. Resolvió además poner camisa de fuerza a la deriva financiera que generó la crisis, en especial al 'secreto financiero',  a los capitales de riesgo y a sus elegantes 'caletas', unos 38 centros financieros repartidos por todo el mundo - mientras que en Estados Unidos, el Secretario del Tesoro Geithner intenta lo mismo con Wall Street.

Todo eso da la impresión de una gran medida de salvataje. Cuando la economía globalizada camina al borde del precipicio: los jefes  deciden poner una cara red protectora - sin reformar para eso el FMI, lo que es un dato inquietante. Algunas críticas señalan que tampoco en Estados Unidos el Tesoro tiene en mente una reforma del sistema financiero (como sí lo propone Paul Volcker).

Y sin embargo, tal vez ahora justamente sea oportuno preguntarse cómo harán las economías emergentes - grandes y pequeñas - en América Latina y el Caribe, por ejemplo, para salir adelante cuando los mercados mundiales de exportación se han reducido a sólo una fracción de lo que eran y que recuperarlos tomará algunos años, a lo menos.

¿ Qué nuevas modalidades y paradigmas de desarrollo y crecimiento estarán en vista? Porque es muy probable que,  aún cuando no nos hayamos dado cuenta aún de la magnitud de la escalada destructiva de la crisis, el mundo ya no es el mismo y repentinamente estamos en una fase de transición hacia lo desconocido y de que el Consenso de Londres marca sólo el caro inicio de otro mundo.